Consulta popular

Para salvar a Colombia

Fernando Carrillo Flórez

Exprocurador general de la nación

Cuando el país vive un momento de inmensa incertidumbre sobre el futuro, se celebran los 30 años de la promulgación de la Constitución de 1991, se mantienen represados los reclamos sociales que no encuentran una adecuada atención del Gobierno ni del Congreso, y las elecciones presidenciales de 2022 toman cada vez más fuerza, el país se pregunta cuál es el camino para salir del atolladero y encontrar un nuevo destino para Colombia. La respuesta es sencilla: aplicar la Constitución, profundizar los mecanismos de participación ciudadana y construir un amplio consenso nacional que les abra las puertas a las grandes reformas aplazadas por décadas.

Hace tres décadas los estudiantes hicieron posible lo imposible: demoler la muralla en que se había convertido la Constitución de 1886, que impedía las grandes reformas, la paz y la modernización del país. Esos jóvenes hicieron una revolución sin romper un cristal, solo apelando a la imaginación y al convencimiento de las fuerzas políticas, la institucionalidad y la opinión pública de que la séptima papeleta era un mecanismo express para aprovechar el momento constitucional que se vivía en aquellos años de violencia, en que el país vio desfilar los cadáveres de tres candidatos presidenciales (Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro Leongómez) y el narcotráfico y las guerrillas demolían con bombas el futuro.

Lecciones para la historia

El proceso de la Constituyente dejó muchas lecciones para la historia porque unió al país en torno al propósito de crear una nueva institucionalidad para la paz, que fortaleciera la democracia y empoderara a los ciudadanos en la defensa de sus derechos. Los jóvenes de 1991 dejaron un mensaje poderoso a los jóvenes de hoy sobre el poder ciudadano para transformar la realidad sin disparar un solo tiro. Cumplimos 30 años de esa epopeya y de la promulgación de la Carta Política y la mayoría se pregunta por qué seguimos matándonos, la corrupción campea y se mantienen aplazadas las grandes reformas a la justicia, la política, la educación, la salud, la defensa del medioambiente, entre otras.

Después de 56 reformas políticas para podar su frondoso árbol, la Constitución de 1991 ha sobrevivido y su estructura vital se mantiene en pie. Por ello, he insistido en que el mejor homenaje que podemos hacerle a la Constitución es cumplirla, y que si no queremos que el país se derrumbe debemos dar un paso adelante, convocando a los colombianos a las urnas a participar en una consulta popular que haga posible las reformas aplazadas, que son hoy más necesarias que nunca luego de los devastadores efectos de la pandemia en la economía, la salud y la sociedad, que desnudaron la enorme fragilidad de la humanidad y la vulnerabilidad de nuestro país y la pequeñez de nuestra clase política para responder a los desafíos a nuestra democracia.

Idea con fuerza

Muchas organizaciones sociales, movimientos sociales, centros académicos y de pensamiento, activistas ambientales, defensores de derechos humanos y gremios han escuchado el llamado a la movilización en las urnas, a través de una consulta popular, que se realizará, por razones jurídicas y de logística, en las elecciones de marzo de 2022. Esta idea toma cada día más fuerza y se abre paso más allá de ambiciones personales. En todas las regiones se están constituyendo grupos de apoyo y próximamente se inscribirá ante la Registraduría el comité promotor, que deberá comenzar la recolección de las firmas necesarias para llegar a las urnas con un temario que se debate hoy en los más diversos escenarios para llegar a un amplio consenso.

El resultado de esa consulta popular será un mandato ciudadano para el nuevo Congreso y el próximo presidente de la república, que deberán hacer realidad lo ordenado por el pueblo. Es la única manera de superar la polarización, impedir el ascenso del populismo y el autoritarismo y el desmonte de la Constitución, y garantizar que la reconciliación, la justicia social, la protección del medioambiente y la lucha contra la corrupción sean el sello de un mejor futuro. También, es el camino para hacer realidad los reclamos de millones de ciudadanos que pacíficamente han exigido sus derechos en la protesta social y siguen esperando que el Estado los escuche. Darle la espalda al pueblo es apagar el futuro. Actuemos. Movilicémonos. Hagamos realidad la consulta popular.AD

 

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