Jóvenes

De la indignación a las oportunidades

La recesión y la pandemia, con sus múltiples efectos económicos, sociales y de salubridad pública en la población, y el estallido social han contribuido a impactar la ya menguada credibilidad en las instituciones de nuestra democracia, evidenciando la desconexión del Estado, los dirigentes políticos y la ciudadanía.

Eduardo Medina

El escepticismo en sectores de la población ha aumentado, en especial, entre los jóvenes y las clases medias; hay desconfianza en los partidos, los movimientos políticos y los líderes, pues dichos sectores consideran que estos han sido incapaces de adelantar los planes de contención y las reformas económicas y sociales al establecimiento que generen las transformaciones en la calidad de vida que demandan millones de compatriotas.

El aumento de las brechas sociales ha puesto en evidencia la profunda desigualdad social, y pone a discusión el modelo de generación de riqueza y la eficiencia de las políticas de desarrollo económico; según el DANE (2020), tenemos 21 millones de personas que viven en la pobreza y 7,4 millones, en pobreza extrema, población que subsiste con menos de $331.688 mensuales.

 

No se ha hecho esperar

 

Ante la falta de empleo, ingresos y oportunidades, la reacción de los sectores más vulnerables de la población no se ha hecho esperar. Desde 2019, en especial, los jóvenes indignados han levantado su voz, exigiendo trabajo digno y bien pago; oportunidades de estudio igualitario; que se presten servicios de calidad a la población, y que se reformen las instituciones públicas para garantizar su transparencia y pertinencia.

En diversos escenarios de la protesta social, los jóvenes han señalado la no existencia de reales mecanismos de participación, exigiendo diálogo y espacios de participación política para que su voz sea escuchada y sus sentidas reivindicaciones sean tenidas en cuenta en la formulación y financiamiento de las políticas públicas nacionales y territoriales que tienen impacto en sus proyectos de vida y en sus territorios.

 

Cifras escalofriantes

 

Distintas mediciones de opinión indican que las jóvenes y los jóvenes perciben que las instituciones y los partidos políticos no los representan, pues no les dan respuestas oportunas a sus demandas.

En la Encuesta Nacional de los Jóvenes (mayo de 2021), el 90 % expresó que no tiene confianza en instituciones como la Presidencia de la República (91 %), la Policía Nacional (87 %), las gobernaciones departamentales (81 %) y las alcaldías municipales (79 %).

En el marco de las protestas del estallido social, el 74 % de los jóvenes ha manifestado la falta de empleo; el 53 % está afectado por condiciones de pobreza; el 48 % está en contra de hechos de corrupción e impunidad; el 45 % señala demoras en atención en salud; el 44 % se queja de la inseguridad ciudadana; el 43 % critica la desigualdad social, y el 41 %, la falta de acceso a la educación superior.

Respecto del mercado laboral de la juventud (jóvenes entre 14 y 28 años), en la tasa global de participación, ocupación y desempleo de la población joven, la información del DANE señala que para el total de trece ciudades y sus áreas metropolitanas en el trimestre enero-marzo de 2021, la tasa de jóvenes no ocupados es del 27,2 %.

Entre las dificultades de la población ocupada y en el marco de la pandemia de Covid 19, en el periodo enero-marzo de 2021, de una cifra de 2.500.000 personas, el 32,3 % ha reducido sus actividades económicas y sus ingresos; el 22 % ha estado estresado y deprimido; el 16,7 % perdió su trabajo o fuente de ingresos, y el 10,9 % manifestó que le fueron suspendidas sus clases presenciales.

Recientemente, la ministra de Educación informó al periódico El Tiempo que en 2020, 243.801 estudiantes de colegios públicos y privados desertaron del sistema educativo.

Las cifras señaladas indican una década perdida para nuestra juventud y sus familias, que en años anteriores aumentaron sus expectativas con la revolución educativa; también, que pasaron a una total frustración e incertidumbre, cayendo en la vulnerabilidad, perdiendo su seguridad económica, disminuyendo la capacidad de consumo, desertando del sistema educativo y dificultándose su acceso a una mejor atención en salud.

 

Líneas de acción políticas-estratégicas

 

En Agenda Democrática hemos enfatizado que el país requiere de una agenda nacional compartida, que promueva las reformas estructurales o de coyuntura al establecimiento que la nación demanda. Tenemos una oportunidad histórica para construir consensos alrededor de políticas, estrategias y programas que nos permitan generar confianza y optimismo entre las y los jóvenes.

Hay que enfatizar que la juventud es el activo más importante de la nación para el relevo generacional que renovará las instituciones democráticas; por lo tanto, el debate electoral de 2022 es el escenario y la oportunidad para concretar el posicionamiento de los jóvenes y de sus problemáticas, en la agenda de los partidos y de los candidatos a las corporaciones y a la Presidencia de la Republica respecto de una serie de aspectos de las políticas públicas, entre ellas:

  1. Apoyo político a la ley de inversión social para lograr estabilidad y financiamiento a programas de educación y empleo que beneficien a los más vulnerables: mujeres y jóvenes mayores de 40 años.
  2. Continuidad del Programa Ingreso Solidario de carácter temporal para las familias que viven en la informalidad.
  3. Garantizar la sostenibilidad de ingreso y permanencia a la educación profesional y técnica de los estratos 1, 2 y 3 de los jóvenes urbanos y rurales.
  4. Territorializar el programa del Ministerio de Trabajo que subsidia el 25 % del salario mínimo, para emplear jóvenes por un periodo de 12 meses.
  5. Políticas, acciones, definición de actores privados, cooperación y diseño de planes territoriales para combatir el desempleo juvenil e incentivar el desarrollo profesional pertinente de los más jóvenes.
  6. Políticas y estrategias para que las entidades territoriales y el sector privado, con el apoyo del Estado central, desarrollen procesos de innovación y aperturas competitivas.
  7. Promover alianzas públicas y privadas con planes regionales para la recuperación del tejido social empresarial y jalonar la reactivación de las pequeñas y medianas empresas afectadas por la recesión y priorizar la mano de obra juvenil.
  8. La deserción de 250.000 niños y jóvenes del sistema educativo exige el diseño de planes regionales y municipales de reapertura y retorno, para revertir la deserción con estrategias inmediatas, en aras de reintegrar a esta población a las aulas, lo cual implica ejecutar planes remediales y de rehabilitación, así como atención psicosocial de emergencia.

Los planes señalados anteriormente tienen que garantizar la recuperación de pérdida de aprendizaje y bienestar estudiantil y reactivar los servicios de protección.

  1. Proyectos innovadores en educación (propuesta de la Alcaldía de Bogotá, reactivación económica); escalar a nivel regional los proyectos de jóvenes a la “U” con un portafolio de carreras profesionales, tecnológicas y técnicas; este proyecto contempla apoyos para sostenimiento semestral de los estudiantes y es financiado directamente con presupuesto de Bogotá Distrito Capital.

En cuanto a la formación para el trabajo, el Sena ha aumentado los cupos de su portafolio de educación para el trabajo en áreas técnicas, tecnológicas y en especializaciones, con formación virtual, que hacen parte de la reactivación económica.

  1. Ante el bloqueo político a que están sometidos los jóvenes, urge la creación o refrendación de los consejos de juventudes con carácter decisorio; las secretarías de juventud incorporadas a la administración publica en las gobernaciones y municipios, y la instalación de mesas técnicas permanentes con presencia de organizaciones juveniles, universidades, gremios urbanos y rurales, grupos empresariales, alcaldías municipales y cooperación internacional que incorpore agendas temáticas para la discusión de los planes de desarrollo y sus fuentes de financiación.AD

Distintas mediciones de opinión indican que las jóvenes y los jóvenes perciben que las instituciones y los partidos políticos no los representan, pues no les dan respuestas oportunas a sus demandas.

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