Efectos de la crisis e
incertidumbre de la nación

Colombia inicio 2021, con altos niveles de su población afectada por la recesión económica y en medio de la crisis sanitaria generada por la Covid-19. Para avanzar en la recuperación sostenible, el éxito sanitario se vuelve un condicionante para la reactivación gradual de la economía.

Si hay una adecuada gestión sanitaria, con la inmunización de la mayor parte de la población, podremos reconstruir parte del aparato productivo y generar empleos, dándole prioridad a los grupos poblacionales más afectados como los jóvenes y las mujeres.

Pero la recuperación económica y social será lenta, por los profundos efectos de la crisis: destrucción parcial del aparato productivo, millones de seres desempleados sin ingresos y sumidos en la desesperanza, jóvenes y mujeres devastados en sus proyectos de vida y miles forzados a desertar del sistema educativo. Estamos presenciando un dramático aumento en los índices de pobreza, los pobres son más pobres y un sector de las clases medias se están pauperizando, profundizándose las brechas sociales y la inequidad social.

Desconfianza en las instituciones

A esta crítica situación, se suma la justificada desconfianza de amplios sectores de la población en la capacidad de nuestro sistema democrático, de las instituciones, los partidos políticos y de los actuales líderes para dar respuestas oportunas y viables para la resolución de la crisis que vive la nación.

Según algunas mediciones de opinión de 2020, las posturas políticas de la ciudadanía se empiezan a reflejar en las encuestas; para Invamer (enero, 2021) el 16,3 % de los encuestados se definió de izquierda, el 17 % no se ubica en ninguna corriente, el 36,5 % se declara de derecha y 30,2 % dice ser de centro.

La cultura del odio

Pero el escenario de discusión política en los últimos años, ha estado marcado, por mensajes tóxicos de las fuerzas radicales que han acrecentado sus discursos y consignas polarizantes, fomentando la cultura del odio y la cancelación, debilitando la credibilidad en las instituciones democráticas y fomentando la división de la sociedad entre buenos y malos. Parece que los temas críticos-estructurales que afectan a los ciudadanos y temas estratégicos de la nación pudieran ser resueltos sin consensos o acuerdos multipartidistas.

Los desafíos que tenemos como nación de fortalecer el Estado Social de Derecho y sus instituciones, requiere de la innovación en materia de construcción de democracia, y debe ser parte del ideario de los partidos políticos. No es posible continuar haciendo elecciones de individuos dispersos iluminados o no, carentes de propuestas o de propuestas al aire que realmente hagan de Colombia una sociedad sostenible y viable en el mediano plazo.

La agenda urgente

La crisis de representación política, que se ha discutido en diversos escenarios, evidencia la dispersión y desarticulación de congresistas y aspirantes presidenciables, cuya agenda es un propósito individual, en la medida en que se encuentra desarticulada de una colectividad política que sustente propósitos de cambio y transformación social.

La democracia colombiana requiere de partidos fuertes y coaliciones con agendas de desarrollo y reformas coherentes, a cuyas prioridades se subordinen sus miembros. La figuración individual concentra el poder en figuras y no en proyectos colectivos.

El asunto programático se vuelve crucial; necesitamos un proyecto integrador de nación que proponga una agenda transformadora, que retome el papel del Estado para diseñar políticas de largo plazo y cierre brechas sociales en un país que tiene altos niveles desigualdad económica y social.

El gran interrogante será el contenido y la viabilidad política, técnica y presupuestal de  ejecutarlas en temas que implican desafíos  que podrían afectar el  establecimiento y que han venido siendo aplazados en la agenda pública: reforma tributaria estructural, control a los monopolios, reforma al sistema pensional, reforma a la justicia, calidad de la educación, reducción de la desigualdad y la pobreza, lucha frontal contra la corrupción, eficiencia del sector productivo, seguridad ciudadana, paz y convivencia, desarrollo productivo eficiente de los bienes rurales y equidad social para los habitantes rurales.

En este escenario y circunstancias, un grupo de ciudadanas y ciudadanos hemos querido aportar al debate necesario. Por esta razón, Agenda Democrática se plantea como un espacio de participación propositiva y de debate, de manera tal que podamos contribuir a construir un mejor futuro para la sociedad colombiana, manteniendo los preceptos de la democracia liberal y el marco de la Constitución de 1991.AD

El asunto programático se vuelve crucial; necesitamos un proyecto integrador de nación que proponga una agenda transformadora, que retome el papel del Estado para diseñar políticas de largo plazo y cierre brechas sociales en un país que tiene altos niveles desigualdad económica y social.

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