Trump: su salida por la puerta de atrás

Lo que ha ocurrido con el presidente Trump podría ser una fábula rocambolesca, pero no es así.  Es sumamente grave y representa lo que Levitsky y Ziblatt han denominado “la muerte de las democracias”, o por lo menos se aproxima.

Luis Bernardo Díaz

Luis Bernardo Díaz

Abogado Universidad Nacional de Colombia.
Especialización en Derecho Administrativo Colegio Mayor Nuestra Señora del Rosario.
Doctorado en Derecho en Universidad Complutense de Madrid.

La muerte de las democracias

Una amiga que milita en una secta evangelista me decía después del triunfo de Biden que ella tenía información fidedigna de que Trump no accedería a entregar el poder a su sucesor, realizando toda suerte de maniobras legales o fácticas para permanecer en la Casa Blanca. Tenía razón, pues por las redes, los movimientos supremacistas blancos son una verdadera tendencia con características neonazis, que recuerdan perfectamente el ascenso de Hitler en la Alemania de la segunda preguerra. Movimientos como QAnon y Proud Boys, evangelistas fanáticos, corresponden a estos grupos que, como el disfrazado de bisonte, penetraron en el capitolio el 6 de enero para perturbar la sesión del Congreso que realizaba una labor de mero trámite de validación de los resultados de los colegios electorales que le daban el triunfo contundente al candidato demócrata, principalmente por medio de los votos por correo, que subieron ostensiblemente por el miedo al contagio. Allí exhibieron la fuerza en lo que Sergio Muñoz Bata denominó “la rebelión de los deplorables” (El Tiempo, 12 de enero de 2021, pp. 1-13). En ese lugar se exhibió la bandera confederada (que yo pensaba superada desde Lincoln) y se le dio razón a Hitler por parte de Mary Miller, representante republicana de Illinois. QAnon dice que los demócratas responden a una camarilla ladrona que adora a Satán. Delirante.

La posverdad

Hagamos historia. El fenómeno Trump superó al Tea Party. Trump perdió las elecciones en 2016, pero ganó la presidencia, merced a un sistema electoral caduco que hace que un voto no represente lo mismo en cada estado de la Unión Americana. El manejo de las posverdades le catapultó al triunfo, derrotando en las primarias a sus rivales republicanos y luego a Hillary Clinton, a quien sin más ni más y de forma calumniosa tildó de “ladrona”. Ya venía diciendo que Barack Obama era musulmán (por lo cual, supuestamente, era amigo de Al-Qaeda) y no había nacido en EE. UU., lo cual era por lo menos risible, pero no tanto: un grueso de la población creyó eso, como creyó que tomar hidroxicloroquina curaba la covid-19 como Trump lo dijo, y varias personas murieron por ese anuncio. Esas posverdades impactaron el Brexit en el Reino Unido y la derrota del Sí en el plebiscito por la paz en Colombia. Tanto así, que el diccionario de la Universidad de Oxford la incorporó como una nueva dicción que tiene que ver con la apelación a las emociones más primarias alejándose de la verdad real. Se relacionan con las fake news. “Había que emberracar al pueblo”, dijo el gerente del No, Juan Carlos Vélez Uribe, en la campaña contra el plebiscito por la paz en Colombia, utilizando temas como que Colombia se volvería otra Venezuela con el ascenso de Timochenko al poder.

A nivel internacional, generaron una tesis negacionista de la pandemia, con Bolsonaro, quien decía que era una “gripiña” sin importancia. El presidente de Brasil hoy expresa sin pudor que corresponde a las Fuerzas Armadas decir si hay democracia o dictadura, en clara coherencia con su apoyo al golpe de Estado en su país. Hoy tienen los Estados Unidos 400.000 muertos y 25 millones de contagiados. Brasil pasa por mitad de esa escalofriante cifra en muertos y 8 millones de contagiados. Los mandatarios de Filipinas, Turquía, Rusia, Hungría, Polonia, Colombia y Brasil, entre otros, cerraron línea en torno a Trump y se la jugaron en estas elecciones en una peligrosa apuesta, que desde luego perdieron.

Una vez posesionado, la política populista de Trump impactó en temas como la construcción del muro con México, la separación de los niños inmigrantes de sus padres, el manejo autoritario del poder, el enfrentamiento contra la prensa, la entrega de beneficios a la plutocracia y el abandono de los valores democráticos, por lo menos los clásicos liberales.

El primer impeachment adelantado contra Trump por el affaire Ucrania terminó en impunidad por la postura de los republicanos en el Senado. Las denuncias de Michael Cohen, su abogado de confianza, que lo tildó de racista, misógino, xenófobo, mitómano, narcisista y demagogo tampoco alteraron su popularidad, como uno pensaría. El pésimo manejo de la pandemia tampoco, por lo menos en un grado significativo. Las represiones brutales contra el movimiento Black Lives Matter a raíz del asesinato de George Floyd y otros afrodescendientes por parte de policías blancos tampoco lo tocaron de manera contundente. Negó el calentamiento global, afectando la temperatura del planeta y generando huracanes y cataclismos. Se salió de la OMS y solicitó la detención de la Fiscal de la Corte Penal Internacional, por investigar a ciudadanos norteamericanos. El escándalo de la prostituta prepago, que negó. La evasión fiscal evidente, denunciada por Biden en los debates televisivos, tampoco lo tocó sustancialmente. Mal amigo de sus amigos, terminaba sacándolos si no le funcionaban, como el caso de John Bolton. La muerte de Soleimaini en Irán (por lo cual tiene orden de captura), ubicar la embajada de EE. UU. en Jerusalén afectando el sentimiento palestino. Los bombardeos en Siria, como el de Shayrat, el 7 de abril de 2017, ordenado por el propio Trump (esto desmiente a quienes juran que Trump nunca participó en maniobras militares en el exterior). También la presión indebida frente al Secretario de Estado de Georgia para que cambiara allí el resultado electoral en su favor, lo cual es un delito. Su Gobierno defendió el fracking (lesivo para el medioambiente) y la venta de armas (como hizo con Arabia Saudí). Además, y para rematar, exhibió la grosería y falta de argumentación en los debates televisados contra su adversario.

Los demócratas esperaban que la ventaja de Biden hubiera sido aplastante, pero craso error: ¡Trump obtuvo 74 millones de votos! (47 % del electorado). Sorprendente. Con todos esos antecedentes, ¿qué hizo que 74 millones le votaran, incluyendo hispanos en Florida? Biden solo le ganó por 7 millones de votos. Trump aumentó su votación en 11 millones, un incremento del 18 %.  Para Obama, en sus memorias, el país está dividido peligrosamente. Por eso el discurso de posesión de Biden se centró en la unidad de la nación. ¿Acaso son hoy los Estados desunidos de América?

Por qué votan así

Creo que la educación básica y media en EE. UU. no es la mejor, si bien es potencia en la educación universitaria, pero a altísimos costos, inaccesible para las capas populares. La deuda de las familias por educación es enorme. La calidad es mediocre. Recordemos que en Geografía enseñaban a los niños que Colombia hacía parte de su país. Hay un farmer americano que no se instruye, no lee, sino que se dedica a ver fútbol, ver películas de baja calidad y comer. Para muchos norteamericanos, Trump manejó bien la economía, a pesar de tener un altísimo endeudamiento y un déficit fiscal preocupante, un desempleo alto y un sistema de salud, educativo y de servicios sociales totalmente precarizado y elitista. Basta leer los estudios de Joseph Stiglitz sobre la concentración de la riqueza en EE. UU. La mayor parte de la votación de Trump, además de La Florida, estuvo en los sectores rurales y en el “cinturón oxidado” que es la consecuencia de la deslocalización de la industria estadounidense en otros países, como Indonesia, Vietnam o Singapur. No es raro que el senador republicano Ted Cruz se haya refugiado en Cancún, mientras sus votantes y conciudadanos estaban tiritando de frío en Texas.

¿Podríamos hablar de la emergencia del lumpen-capitalismo, como sector social? El tema es muy delicado, como quiera que Trump anunció que su movimiento “apenas comienza”. Por eso la trascendencia de haber avanzado en el impeachment en el Senado, que no alcanzó la votación calificada, por la complicidad de la mayoría republicana que le dio alas al magnate para lanzarse en cuatro años otra vez, con un capital político innegable. 

Si observamos los gestos de autoritarismo en Colombia y otros países, con un hiperpresidencialismo exacerbado, podemos ver que los nubarrones no están lejos. La autoritaria reforma rusa de Putin, que lo envalentonó intentando envenenar al líder opositor Alexey Navalny, que tildó de ladrón al presidente, por lo cual fue detenido, millones se concentraron en protesta en 90 ciudades y sufrieron la represión del Kremlin. China reprimió a los habitantes de Hong Kong que imploraban libertades.

La andanada

La toma del capitolio el 6 de enero tenía el precedente de que Trump denunció, sin pruebas fehacientes, haber sido víctima de un fraude electoral que ningún tribunal avalara. Fue oscureciendo el panorama de credibilidad de sus votantes más radicales, que a pie juntillas le creyeron y movilizaron todos sus recursos para concentrarse en el capitolio el 6 de enero, atendiendo el llamado que por Twitter hiciera su jefe y se saldó con cinco muertos. Son hordas de fanáticos de la ultraderecha que por miles siguen a un caudillo, como en Colombia ha ocurrido con el expresidente Uribe, cuyo Gobierno fue acusado por la JEP de 6402 “falsos positivos”. Es el ejercicio del fanatismo irracional. Se asimila al poder del pastor de la congregación, muy en la vieja línea puritana-luterana reaccionaria. Se habla de una movilización de 15.000 personas, muy bien financiadas, a Washington, algunas armadas, pues en EE. UU. ha sido imposible que se prohíba la tenencia de armas por parte de civiles por la fuerte presión de la Asociación Americana del Rifle. Ello ha generado múltiples tragedias de enfermos mentales que disparan sobre multitudes. Este tema se complica con la presencia de personas irracionales que en colectivo pueden llegar a cometer una matanza de supremacistas blancos, como no se veía desde la época del Ku Klux Klan. Es claro que la movilización al capitolio tuvo financiación de Joy in Liberty y otros grupos. Hay 940 grupos supremacistas blancos en EE. UU., neonazis. La bandera confederada no se enarbolaba desde 1860 en la Guerra Civil, defendiendo el esclavismo del Sur.

La toma del capitolio, que tampoco se veía desde 1812 en la Guerra contra Inglaterra, estuvo revestida de ejercicios ridículos que francamente sorprenden en la autodenominada “democracia ejemplar” del globo y que señala parámetros de conducta para los Estados. Un hombre semidesnudo disfrazado de bisonte presidiendo el hemiciclo, otro colocando sus extremidades inferiores sobre el escritorio de la presidenta Pelosi, robando documentos y desordenando el archivo, otros tomando fotos de documentos secretos y toda una serie de delitos por los cuales están siendo juzgados. Por fortuna, los legisladores lograron salir a tiempo por un túnel secreto construido a raíz del derribamiento de las Torres Gemelas.

Los dueños de Twitter y de YouTube suspendieron las cuentas de Trump y de 70.000 de sus seguidores (Trump tiene 90 millones de seguidores en Twitter), lo cual obviamente generó la incertidumbre frente a la libertad de expresión y que no haya sido un juez sino los dueños de los monopolios los que silencien a estos sujetos. El control de esas plataformas debería estar en cabeza de los Estados y no de estas personas que pasan a erigirse en uno de los factores de poder más importantes del mundo que en la globalización neoliberal buscan esencialmente réditos económicos. La pobreza mental se expresa en que existan personas que en menos de 140 caracteres definan su vida política. El tratamiento de la Policía que resguardaba el capitolio dejó mucho que desear, frente a la asimetría realizada contra las protestas de Black Lives Matter y otros por los crímenes racistas de la Policía.

Para la posesión de Biden, se movilizaron 25.000 efectivos de las distintas fuerzas para no ser sorprendidos; Washington era una ciudad realmente sitiada. Colocaron banderas en lugar de personas. Se sabe que los mafiosos tienen rifles de alto alcance. Temían lo peor. Movieron más ejército que las tropas enviadas a Afganistán e Irak. Hay vulnerabilidad desde las Torres Gemelas. Pero claro, el 40 % de los republicanos apoyaron la toma del capitolio y un nutrido grupo de congresistas republicanos no deja solo a su líder, como el senador Tedd Cruz, vergonzosamente de origen hispano. Se pueden estar adelantando conspiraciones secretas y peligrosas.

La emergencia del autoritarismo

Después de la asonada, Nancy Pelosi llamó al general Mark Milley, presidente del Estado Mayor Conjunto, para preguntarle la suerte del maletín con los botones nucleares. Él le dio un parte de tranquilidad. Eso indica el grado de locura de este sujeto y la profunda desconfianza del establecimiento gringo. Obviamente que hay culpabilidad en el Partido Republicano, pues Pence ha debido apoyar la Enmienda 25 y destituir a Trump, para sacarlo del juego político. El juicio subsiguiente que tuvo mayoría significativa en Cámara pasó al Senado que absolvió a Trump con la mayoría del Partido Republicano, que se vuelve cómplice del deshonor. Por menos, acaban de renunciar el primer ministro de Países Bajos (por un problema en unas subvenciones) y un militar de alto rango en España (el jefe del Estado Mayor, por haberse vacunado antes de lo previsto contra la covid-19).

Según Gallup, la popularidad de Trump cayó al 34 % luego del intento insurgente, pero aún tiene energía. Trump deshonró el juramento presidencial de cumplir la Constitución. No asistió, además, a la posesión de su sucesor, lo cual es un desaire que no se veía desde hace muchos años. Para despedirse, el último día de su mandato, indultó a 140 personas, muchos amigos y allegados a su familia, como Steve Bannon, un personaje corrupto.

Leyendo la obra de Michael Wolff, Fuego y furia, que describe los intríngulis de la Casa Blanca en la era Trump, piensa uno que estamos ante un enajenado mental, que lo único que desea es el poder de manera megalómana (no abandonarlo nunca, como Uribe). ¿Estamos en presencia de nuevos enfermos mentales que tienen millones de seguidores que los siguen ciegamente? ¿Hasta cuándo? ¿Neocalígulas? La contrarreforma constitucional regresiva de Putin tuvo una gran base electoral y muchas rusas consideraban a Putin “sexi”. Las conducciones de los pueblos por enajenados nos pueden llevar a la catástrofe ocurrida en la II Guerra Mundial. El profesor Johnny Uribe, sin embargo, manifiesta que los uribistas son conscientes de lo que hacen y no se les puede declarar “incapaces mentales” por sus ejercicios al votar a un cuestionado Duque. La pregunta sería si en el caso de Trump, sus seguidores deben también responsabilizarse por sus acciones pasadas y futuras. No son inimputables políticos.

La lección se repite: un magnate multimillonario que por capricho desea ser presidente de la principal potencia del mundo, donde lo que le interesan son sus negocios, y no le importa mentir con tal de conseguir el poder. Es como si en persona Luis Carlos Sarmiento se lanzara a la presidencia. Generalmente, los plutócratas pagan para que terceros vayan y defiendan sus intereses; al rey del dinero no se le expone en manifestaciones o mítines, se le blinda. Igual sigue mandando, llegue el que llegue, siempre que no lo toquen. ¿Seguirán los potentados ese ejemplo? Ya Piñera lo hizo en Chile, por ejemplo, pero le ha ido también muy mal.

Qué podría esperar Colombia

¿Qué nos espera a Colombia con Biden? Ya el embajador norteamericano manifestó que van a apoyar el proceso de paz con las FARC, pues han habido recursos de cooperación para ese efecto. Ello coloca al Gobierno Duque en una encrucijada, pues ni siquiera fue invitado a la posesión de Biden, ya que de manera descarada y errática apoyó a Trump, en peligrosa apuesta que perdió y donde rompió la tradición política de haber jugado con los dos partidos para mantener una relación estable. Lo primero que tendría que hacer Duque es cambiar al embajador Francisco Santos, funcionario mediocre, que ha cometido todo tipo de errores diplomáticos, y carente de un mínimo sentido de racionalidad. Las grabaciones de los diálogos con la canciller eran motivo de remoción, pero el Gobierno lo mantuvo para mover votación hacia Trump en la Florida y otros Estados. Eso le va a costar muy caro al Gobierno Duque y se verá en las relaciones bilaterales. Confiamos que la bancada demócrata y Biden, por lo menos, coloquen en cintura al Gobierno Duque para que cese la matanza de líderes sociales y excombatientes de las FARC (280 masacres hubo en 2020), que desde la fecha de suscripción del Acuerdo de Paz del Teatro Colón asciende a la escalofriante suma de 1651 homicidios. Ese por lo menos sería un avance importante. El Informe de la Alta Comisionada de la ONU para los DD. HH. es muy esclarecedor en esta crisis.AD

 

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